sábado, 19 de enero de 2008

CARLOS HUÉ. Pensamiento emocional

HUÉ GARCÍA, Carlos, Pensamiento emocional. Un método para el desarrollo de la autoestima y el liderazgo, Mira Editores, Zaragoza, 2007, 390 págs.
Aunque muestre su deuda con el famoso Inteligencia emocional de Goleman, este Pensamiento emocional no es una simple secuela "a la española" de la obra del estadounidense. Uno de los principales valores del título de Carlos Hué –psicólogo asociado al ICE de la Universidad de Zaragoza– es, precisamente, proponer ejercicios con cuya realización asegura el autor que el lector mejorará en el cultivo de sus emociones. Es, por ello mismo, interesante –además de por la pasión y el corazón con que se vislumbra que ha sido concebido y escrito– para cualquiera que desee profundizar en su autoconocimiento y en el desarrollo personal. No en vano, Hué se refiere a la famosa inscripción del templo de Delfos, "conócete a ti mismo" Aunque, como dijo una amiga: "Pero, ¿y si no te gusta lo que ves?" Allá cada uno.
El libro está estructurado en 7 partes principales: conocimiento propio, valoración de uno mismo, control emocional, motivación personal, conocimiento de los demás, valoración de los otros, y control de los demás. Este lector echa de menos un índice más completo, que ayudase a la localización de aquellos aspectos que, dentro de cada capítulo, le pudiesen interesar más. Asimismo, le habría gustado encontrar un índice analítico que, de nuevo, la permitiera ir directamente al grano de un tema determinado. No se puede tener todo, desde luego.
Una salvedad levantada por este inexperto lector en temas de este jaez. Parece evidente que el libro, desde el mismo título, incite al cultivo de las emociones y, por tanto, del pensamiento emocional. Sin embargo, en un pasaje del libro, dedicado al control emocional, Hué se apoya en una propuesta de la escuela cognitivo-conductual en la que el "razonamiento emocional" sería uno de los tipos de "pensamiento distorsionado" (p. 173). Afortunadamente, y a pesar de esta aparente contradicción, Hué convence sobradamente al lector de la conveniencia del cultivo de las emociones.
Y un último lamento: algunas erratas y faltas tipográficas, seguramente debidas a una revisión-corrección demasiado acelerada. No una, ni dos, apariciones de "hallar" como verbo auxiliar, o de "cayó" como pretérito indefinido del verbo "callar". Salvedades que, de verdad, no restan valor a este libro del entrañable y amistoso Carlos Hué. Por cierto, Carlos: ¿quién es el autor de la portada?

martes, 15 de enero de 2008

La identidad masculina (en los siglos XVIII y XIX). ALBERTO RAMOS SANTANA (editor)

RAMOS SANTANA, Alberto, (ed.), La identidad masculina (en los siglos XVIII y XIX), Servicio de publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz, 1997.
Este curioso librito viene a ser como unas actas de los VII Encuentros de "La Ilustración al Romanticismo", que en esta ocasión se centraron en el asunto que le da título. Celebrados en mayo de 1995 en la Universidad de Cádiz, giraron en torno a la manera en que, principalmente, la literatura de los siglos XVIII y XIX retrataba a los personajes masculinos.
De entre las ponencias transcritas en este volumen, hay dos que me interesaron principamente, que son las que me limito a comentar:
1) Asunción Valero Gancedo escribe sobre "Napoléon Bonaparte y el mito de la paternidad en el romanticismo francés". Establece un curioso paralelismo entre el proceso que fue desde el fin del Ancien Régime a la entronización de Napoléon con el relato de Freud sobre la asesinato cometido sobre la figura del macho dominador de la manada cargo de la horda primitiva (que aparece en Tótem y tabú y que el vienés extrajo del antropólogo Atkinson). Un paralelismo ocurrente y, en mi opinión, sugerente. Termina Valero su ponencia hablando de la presencia de Napoléon, como la reencarnación del padre surgido de la comunidad de hermanos, en la obra de Balzac y Stendhal.
2) Luis Puelles Romero, en su "La voluntad de apariencia: estética del dandysmo", habla principalmente de Baudelaire como exponente ejemplar del dandi decimonónico en su visión más rompedora, en quien se unen un compromiso ético con otro estético, llevándole más allá de los fashionables ingleses crecidos a la sombra del Príncipe de Gales.

CHARLES TAYLOR: Fuentes del yo. La construcción de la identidad moderna

TAYLOR, Charles (1989), Fuentes del yo. La construcción de la identidad moderna, trad. de Ana Lizón, Paidós, Barcelona, 1996.
Obra de referencia para muchos sociólogos de la cultura, Fuentes del yo se centra de manera muy especial en la evolución de la personalidad creadora, en su faceta artística –ya sea plástica o, sobre todo, literaria.
Plantea Taylor, filósofo en Oxford y en Montreal, que nuestra contemporaneidad es en todo punto deudora de la Ilustración y del Romanticismo, enormes y multifacéticas transformaciones que "han hecho de nosotros lo que somos" (p. 415): "nuestra vida cultural, las concepciones que tenemos de nosotros mismos, nuestras perspectivas morales siguen desarrollándose en la estela de esos grandes acontecimientos" (p. 415). Es por todo ello que el filósofo se centra en esos períodos de la historia del pensamiento y de la creación en Europa occidental –que son, además, en los que este menda esperaba poder ahondar con la lectura de este grueso ladrillo de más de 600 páginas de densa escritura.
La evolución presentada por Taylor (o en el tramo de esa evolución en la que yo me he centrado, capítulos 17 a 25) viene a referir que la seguridad que ofrecía el pensamiento centrado en la religión se vino en cierto modo abajo con la Ilustración. Esta hizo que fuera la Razón y la conciencia el germen del pensamiento y del conocimiento del mundo. Rousseau recomendaría buscar en la naturaleza las fuentes de la natural benevolencia y de su bondad (el poeta Wordsworth diría que "la mente del hombre es el espejo natural para las cualidades más hermosas y más interesantes de la naturaleza", p. 484). Esa naturaleza inherente al Hombre, era necesario que cada uno la buscara en sí mismo a través de un intenso trabajo de introspección: cada individuo se convertía en una expresión de esa naturaleza secular, que sería una de las principales innovaciones del primer Romanticismo. El arte, a partir de ese momento, se centró en el estudio y explotación de la sensibilidad individual, donde sólo era posible encontrar la expresión de la naturaleza. El arte actual es heredero de esa concepción, gracias a la cual consideramos al artista como una persona dotada de unas especiales características que hacen que su interior, su intimidad y su sensibilidad, sean objeto de nuestra contemplación arrobada. Es el tipo de expresión o de creación epifánica, tal y como la denomina Taylor, fruto de una especial efervescencia del espíritu del artista.
Taylor, al centrarse más en este aspecto que en el de la evolución de la identidad propiamente dicha, cumple a medias las expectativas de quien, como el que esto escribe, se acerca a este título. Tal vez se eche a faltar consideraciones de tipo psicológico, totalmente necesarias para la comprensión total de la identidad moderna. Es en la obra de sociólogos como Giddens, Bourdieu y Bauman donde podremos encontrar una construcción conceptual más amplia, y no sólo referida a los aspectos filosóficos de la modernidad.

martes, 8 de enero de 2008

ANTHONY GIDDENS: Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea

GIDDENS, Anthony (1991), Modernidad e identidad del yo. El yo y la sociedad en la época contemporánea, trad. de José Luis Gil Aristu, Península, Barcelona, 1994.
Grueso volumen del sociólogo británico sobre la búsqueda de la identidad personal por parte del individuo de las sociedades contamporáneas. Profusamente apoyado por la obra de otros sociólogos del ámbito anglosajón (Taylor, Sennett, etc.) , esta obra no se propone como un tratado de psicología –aunque se utilice las opiniones de muchos psicólogos–, sobre la identidad, sino sobre el individuo en las sociedades postradicionales y sus dificultades para convertirse en alguien dotado de una imagen propia de sí mismo.
Se estructura el discurso de Giddens acerca de la identidad en base a dos pilares fundamentales: 1) que la construcción identitaria se basa en un proyecto reflejo (es decir, fruto de una reflexión por la que el individuo se propone unas metas y unos fines); 2) que ese proyecto reflejo debería poder ser structurado, a su vez, como una crónica personal de la vida, en la que se perciban los puntos principales de una planificación reflexiva.
Varios son, según Giddens, los obstáculos con que se encuentra el individuo moderno a la hora de planificar su vida según un proyecto reflejo. Todos los saberes, que parecían inamovibles en las sociedades premodernas, son constantemente sometidos a revisión por la ciencia contamporánea; nada es seguro, puesto que susceptible de ser derribado por nuevas convicciones que cambien la perspectiva y el sentido moral de los individuos, sin asideros seguros a los que aferrarse. De ahí que la duda provoque una construcción constante de la identidad.
Por una parte, la duda ha reemplazado a las convicciones que aportaba el antiguo régimen, patriarcal y tradicional. Los ritos de paso, que antaño dotaban de un foco de solidaridad y pertenencia del individuo a la comunidad, han desaparecido casi por completo en la sociedad moderna. La religión, en su inmensa mayoría, ha perdido el poder moral que tuviera en otro tiempo. Por último, el declive de la familia patriarcal, o de la familia a secas, hace que el individuo se las tenga que ver consigo mismo a la hora de construir su identidad personal.
Amén de estos importantes obstáculos, la sociedad moderna conduce, mediante la mercantilización de los objetos, al narcisismo del individuo, quien termina por encontrar únicamente en sí mismo las fuentes de su definición personal. Esto, sin embargo, puede contribuir a que el individuo albergue sentimientos de omnipotencia y de grandeza totalmente opuestos, según Giddens (que se apoya en Lasch) a la construcción de una vida armónica con la sociedad en que se inscribe. "El narcisismo –señala Giddens– es una preocupación por el yo que impide al individuo establecer límites válidos entre el yo y los mundos externos. El narcisismo relaciona los sucesos exteriores con las necesidades y deseos del yo, preguntándose sólo 'qué significa eso para mí'" (p. 216). De esa manera, el narcisista alberga difícilmente sentimientos de empatía y solidaridad con el mundo que le rodea, centrado como está en una constante búsqueda personal.
Otra consecuencia del declive de la sociedad tradicional es que la vergüenza (en su sentido psicológico) ha sustituido a la culpa. Esta última era el corifeo negativo. Mientras la vergüenza depende de sentimientos de insuficiencia personal, debiéndose entender en relación con la integridad del yo, la culpa deriva de sentimientos de haber obrado mal (p. 88). En ausencia de un código moral fijo e inamovible, sólo el propio código, el proyecto reflejo del individuo marca la norma; de ahí que sea precisamente la insuficiencia personal a la hora de cumplir con los propios propósitos vitales la que sea fuente de malestar. Su cometido será tanto más importante en la personalidad adulta cuanto más internamente referencial sea la identidad del yo.
Interesante y denso, este título de Giddens intenta huir de todo dogmatismo normativo, como no podía ser de otra manera en alguien que cree en la constante evolución de una sociedad moderna como la nuestra.

jueves, 3 de enero de 2008

BALZAC: El lirio en el valle

BALZAC, Honoré de (1836), Le Lys dans la vallée, Gallimard-Folio, Paris, 1972 (versión española: El lirio en el valle, Siglo XXI de España Editores, Madrid, 2007).
Uno de los Balzac más íntimos se presenta en este Lirio en el valle, novela de amor en la que se narra la relación entre el joven Félix de Vandenesse y la noble Blanche-Henriette de Mortsauf. Obra romántica, con una conclusión similar al de la dumasiana Dama de las camelias, contiene muchas claves autobiográficas de su autor. Como Félix, el propio Balzac pasó larguísimos períodos de su adolescencia separado y casi olvidado por sus padres, internado en distintas instituciones educativas. Era ello algo habitual entre la burguesía del siglo XIX, que sometía a los niños franceses a la comparación con los compañeros que venían de los territorios de ultramar (1): "moi, de qui les parents étaient à quelques lieues de là, je restais dans les cours avec les Outre-mer" (p.23).
Una vez retornado al hogar familiar, el joven Félix es llamado a representar a su linaje en una fiesta ofrecida por el duque de Angulema para celebrar la vuelta de los Borbones. Allí conoce a una joven señora, cuyo físico le impresiona y a la que no puede evitar estampar un beso en su bello hombro como despedida del enamorado sin esperanza. Trastornado por el encuentro, la salud de Félix empeora, por lo que su familia le aconseja ir a sanar al campo, a la casa de un amigo de la familia que, azarosamente, es vecino de Clochegourde, la mansión de Henriette, condesa de Mortsauf, su enamorada.
El libro continúa narrando, pues, el tierno amor del joven y la señora, en quien él encuentra el sustitutivo del amor materno, pues ella se niega a satisfacer sus impulsos físicos. Gracias a la influencia de su nueva "familia", Félix consigue un estupendo puesto en la administración de Luis XVIII, volviendo de París a Clochegourde como un alto funcionario de la corona. Pero en medio de su vida munda conoce a la inglesa lady Dudley, a cuyos encantos sucumbe. Los celos corroen por dentro a Henriette, quien muere finalmente en loor de santidad.
Novela de iniciación y de carrera de un joven durante los cien días de la Restauración francesa, en la que Balzac puso lo más espiritual de su sensibilidad amorosa: en ella se glorifica una especie de aristocracia de los sentimientos, que Balzacv pretendería que fuese distintiva de la nobleza en su comparación con la rampante burguesía comercial del siglo XIX europeo: "dans nos plates moeurs modernes, l'aristocratie ne peut plus se révéler que par l'extraordinaire des sentiments –dice Balzac por boca de lady Dudley (p.230).
El lirio en el valle ejemplifica la pulsión a la autosuficiencia que comenta Anthony Giddens en su Transformación de la intimidad (ver entrada en revistadelibros): toda narración creadora de un sentido de vida individual debería glosar la privación del amor original de la madre (p.110). Balzac reconstruye su vida gracias a la creación literaria, recuperando a su madre mediante el recuerdo de aquellas mujeres de mayor edad que le amaron durante su frenética vida de escritor.
(1) Como revela Yvonne Knibiehler en "Madres y nodrizas", en TUBERT, Silvia (ed.), Figuras de la madre, Cátedra Feminismos, Madrid, 1996, pp. 95-118. Asimismo, esta costumbre decimonónica está sobradamente reseñada en la obra de Joris-Karl Huysmans, así como en el poema de Rimbaud "Les Étrennes des orphelins".

sábado, 22 de diciembre de 2007

ANTHONY GIDDENS. La transformación de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas

GIDDENS, Anthony (1992), La Transformación de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas, trad. de Benito Herrero Amaro, Cátedra, Madrid, 1998.
Anthony Giddens (1938) es conocido mundialmente como el teórico de la Tercera Vía del socialismo europeo, tan del agrado del premier británico Tony Blair. No obstante, Giddens es un reputado sociólogo, director de la prestigiosa London School of Echonomics, autor de varias obras de obligada referencia –como la celebrada Modernidad e identidad del yo.
En esta que reseñamos, Giddens avisa desde el principio que sus propuestas y argumentos han sido expuestos en un lenguaje llano fuera de todo cientifismo que pudiera alejar a la inmensa mayoría de su lectura. No en vano, La Transformación de la intimidad pretende tratar cuestiones del interés de cualquier individuo de la sociedad de finales del siglo XX –que es cuando fue escrito.
Categoriza el sociólogo británico las relaciones de pareja en varios grupos: amor pasión, amor romántico, sexualidad plástica, relación pura, relación confluente..., dependiendo del nivel de compromiso, de fijación y/o de intereses de los dos miembros. Caracteriza como la más fecuente, o propia de nuestra contemporaneidad, la confluente, en la que la pareja es consciente de que su unión durará tanto como los intereses que hayan llevado al uno hacia el otro; su futuro es incierto y, por lo tanto, puede causar cierto desasosiego en el individuo.
Habla Giddens de Foucault y del carácter novedoso de su pensamiento (sobre todo en lo referente a su obra La Historia de la sexualidad, de la que el británico extrae algunos pasajes referidos a los siglos XIX y XX). En otro capítulo se detiene en el psicoanálisis, especialmente en su vertiente de relaciones objetuales. Más adelante habla de la visión que sobre las relaciones humanas y, en especial, sobre el sexo que tenían algunos miembros de la Escuela de Frankfurt: Reich y Marcuse, sobre todo.
Mis intereses personales me han llevado a indagar por los planteamientos que hace Giddens en torno a la identidad del individuo. Coincide el sociólogo británico con Richard Sennet (La Corrosión del carácter) en la función crucial de la narración para el establecimiento de la identidad personal: "el proyecto reflexivo del ego implica una reconstrucción emocional del pasado para proyectar una narrativa coherente hacia el futuro" (p.62). En ese sentido, comenta Giddens que el hombre contemporáneo es incapaz, mayormente, de crear esa narración que les dotaría plenamente de una identidad, pues esta, en su variante masculina, se centra en una "pulsión a la autosuficiencia" que produce un handicap emocional mutilador. Esa narración debería configurarse en base a la privación del amor original de la madre (p.110), principal motivo, según el psicoanálisis de, por ejemplo, Nancy Chodorow (La Reproducción de la maternidad), de la incapacidad emocional masculina.
Es claramente esta Transformación de la intimidad una obra de divulgación, por su búsqueda de la llaneza expresiva; atesora sin embargo buenas dosis del pensamiento del importante sociólogo británico.
NOTA.- Recomiendo el contraste no sólo con el comentario a esta entrada, sino el análisis comparado que se realiza en http://entrezenygen.blogspot.com/2008/01/literatura-de-autoayuda-la.html; en el que el autor revela su fobia hacia todo lo que pueda sonar a "intelectual de izquierdas".

miércoles, 19 de diciembre de 2007

PIERRE BOURDIEU. Autoanálisis de un sociólogo

BOURDIEU, Pierre (2004), Autoanálisis de un sociólogo, trad de Thomas Kauf, Anagrama Argumentos, Barcelona, 2006.

Sucinta autobiografía académica y profesional del sociólogo francés Pierre Bourdieu (1930-2002), aunque en ella diga, a modo de epígrafe "Esto no es una autobiografía". Sería más bien, como dice al principio, un intento de comprensión del "campo con el cual y contra el cual uno se ha ido haciendo" (p. 17) –doble preposición que evidencia la ambivalente postura del sociólogo dentro del ámbito de las ciencias sociales y la filosofía.
Comenta el autor de La Dominación masculina las vicisitudes que atravesó hasta llegar al Collège de France, adonde le llevaron precisamente sus dificultades para aceptar los modos de promoción dentro de las estructuras universitarias. Comenta en este Autoanálisis... sus comienzos como filósofo a contracorriente (entonces era el pensamiento sartriano el que dominaba), su primera incursión en las ciencias sociales durante su servicio militar en Argelia (que dio como fruto un estudio sobre la Kabilia), la formación de un equipo de trabajo ya de vuelta en París, la defensa de su candidatura al Collège ante lo más selecto de la sociología francesa del momento (entre los cuales figuraba Lévi-Strauss), así como una incursión en sus antecedentes estudiantiles: su infancia en una pequeña aldea del Bearne, las durísimas condiciones de vida en un internado en Pau, la vida en otro internado en París y, por último, sus estudios en las "Classes préparatoires" que le llevarían a la "Ecole Normale", destino de los mejores estudiantes de cada centro de enseñanza media.
Pero glosa sobre todo Bourdieu su constante rechazo de las convenciones fáciles del mundo intelectual, universitario especialmente, en el que las condiciones de reproducción y de promoción son antes debidas a la situación del individuo en el campo que a su valía como profesional. Habla el autor de La Distinción de su doble distanciamiento respecto a ese mundo intelectual: "distanciamiento respecto al gran juego intelectual a la francesa con sus reivindicaciones mundanas, sus manifestaciones elegantes o sus prefacios para catálogos de artistas, pero también respecto al gran papel del profesor, comprometido con la circulación circular de los tribunales de tesis y de oposición, con los juegos y retos de poder sobre la reproducción; distanciamiento, en cuanto a la política y a la cultura, respecto al elitismo y al populismo a la vez" (p.146).
En definitiva, una título de fácil abordaje y lectura entretenida que nos acerca más a las circunstancias en que produjo su obra uno de los científicos de mayor campo de acción y discusión, fruto de su curiosidad intelectual sin límites.