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martes, 15 de enero de 2008

La identidad masculina (en los siglos XVIII y XIX). ALBERTO RAMOS SANTANA (editor)

RAMOS SANTANA, Alberto, (ed.), La identidad masculina (en los siglos XVIII y XIX), Servicio de publicaciones de la Universidad de Cádiz, Cádiz, 1997.
Este curioso librito viene a ser como unas actas de los VII Encuentros de "La Ilustración al Romanticismo", que en esta ocasión se centraron en el asunto que le da título. Celebrados en mayo de 1995 en la Universidad de Cádiz, giraron en torno a la manera en que, principalmente, la literatura de los siglos XVIII y XIX retrataba a los personajes masculinos.
De entre las ponencias transcritas en este volumen, hay dos que me interesaron principamente, que son las que me limito a comentar:
1) Asunción Valero Gancedo escribe sobre "Napoléon Bonaparte y el mito de la paternidad en el romanticismo francés". Establece un curioso paralelismo entre el proceso que fue desde el fin del Ancien Régime a la entronización de Napoléon con el relato de Freud sobre la asesinato cometido sobre la figura del macho dominador de la manada cargo de la horda primitiva (que aparece en Tótem y tabú y que el vienés extrajo del antropólogo Atkinson). Un paralelismo ocurrente y, en mi opinión, sugerente. Termina Valero su ponencia hablando de la presencia de Napoléon, como la reencarnación del padre surgido de la comunidad de hermanos, en la obra de Balzac y Stendhal.
2) Luis Puelles Romero, en su "La voluntad de apariencia: estética del dandysmo", habla principalmente de Baudelaire como exponente ejemplar del dandi decimonónico en su visión más rompedora, en quien se unen un compromiso ético con otro estético, llevándole más allá de los fashionables ingleses crecidos a la sombra del Príncipe de Gales.

jueves, 3 de enero de 2008

BALZAC: El lirio en el valle

BALZAC, Honoré de (1836), Le Lys dans la vallée, Gallimard-Folio, Paris, 1972 (versión española: El lirio en el valle, Siglo XXI de España Editores, Madrid, 2007).
Uno de los Balzac más íntimos se presenta en este Lirio en el valle, novela de amor en la que se narra la relación entre el joven Félix de Vandenesse y la noble Blanche-Henriette de Mortsauf. Obra romántica, con una conclusión similar al de la dumasiana Dama de las camelias, contiene muchas claves autobiográficas de su autor. Como Félix, el propio Balzac pasó larguísimos períodos de su adolescencia separado y casi olvidado por sus padres, internado en distintas instituciones educativas. Era ello algo habitual entre la burguesía del siglo XIX, que sometía a los niños franceses a la comparación con los compañeros que venían de los territorios de ultramar (1): "moi, de qui les parents étaient à quelques lieues de là, je restais dans les cours avec les Outre-mer" (p.23).
Una vez retornado al hogar familiar, el joven Félix es llamado a representar a su linaje en una fiesta ofrecida por el duque de Angulema para celebrar la vuelta de los Borbones. Allí conoce a una joven señora, cuyo físico le impresiona y a la que no puede evitar estampar un beso en su bello hombro como despedida del enamorado sin esperanza. Trastornado por el encuentro, la salud de Félix empeora, por lo que su familia le aconseja ir a sanar al campo, a la casa de un amigo de la familia que, azarosamente, es vecino de Clochegourde, la mansión de Henriette, condesa de Mortsauf, su enamorada.
El libro continúa narrando, pues, el tierno amor del joven y la señora, en quien él encuentra el sustitutivo del amor materno, pues ella se niega a satisfacer sus impulsos físicos. Gracias a la influencia de su nueva "familia", Félix consigue un estupendo puesto en la administración de Luis XVIII, volviendo de París a Clochegourde como un alto funcionario de la corona. Pero en medio de su vida munda conoce a la inglesa lady Dudley, a cuyos encantos sucumbe. Los celos corroen por dentro a Henriette, quien muere finalmente en loor de santidad.
Novela de iniciación y de carrera de un joven durante los cien días de la Restauración francesa, en la que Balzac puso lo más espiritual de su sensibilidad amorosa: en ella se glorifica una especie de aristocracia de los sentimientos, que Balzacv pretendería que fuese distintiva de la nobleza en su comparación con la rampante burguesía comercial del siglo XIX europeo: "dans nos plates moeurs modernes, l'aristocratie ne peut plus se révéler que par l'extraordinaire des sentiments –dice Balzac por boca de lady Dudley (p.230).
El lirio en el valle ejemplifica la pulsión a la autosuficiencia que comenta Anthony Giddens en su Transformación de la intimidad (ver entrada en revistadelibros): toda narración creadora de un sentido de vida individual debería glosar la privación del amor original de la madre (p.110). Balzac reconstruye su vida gracias a la creación literaria, recuperando a su madre mediante el recuerdo de aquellas mujeres de mayor edad que le amaron durante su frenética vida de escritor.
(1) Como revela Yvonne Knibiehler en "Madres y nodrizas", en TUBERT, Silvia (ed.), Figuras de la madre, Cátedra Feminismos, Madrid, 1996, pp. 95-118. Asimismo, esta costumbre decimonónica está sobradamente reseñada en la obra de Joris-Karl Huysmans, así como en el poema de Rimbaud "Les Étrennes des orphelins".